sábado, 13 de diciembre de 2008

Mi confrontación con la docencia.


Al terminar mi bachillerato, decidí estudiar la licenciatura en informática, pues era la moda, y la carrera del futuro; después de 4 años y seis meses estudiando en la capital del estado, regrese a casa. Los planes que tenía en mente, no incluían trabajar de inmediato, pues tenía pendiente mi titulación.


Sin embargo a los pocos días de mi regreso, me ofrecen trabajo como instructora de computación en el Instituto de Capacitación para el Trabajo #3, y decido aceptar.


Joven, recién egresada y con ninguna experiencia para dar clases, me enfrenté a enseñar a personas de de diferentes edades y nivel de estudio, desde profesionistas, hasta estudiantes de secundaria y amas de casa. Debo confesar que no fue nada fácil, al principio los nervios me mataban, sabía lo que debía enseñarles, pero no cómo debía hacerlo, el tiempo y el gusto que le tome a mi trabajo, fueron mi mejor aliado y poco a poco fui perdiendo el pánico inicial.


Pasaron tres años más, para que llegara a dar clases a nivel medio superior, tuve la fortuna de que me ofrecieran una plaza en el CBTA 62 de Escárcega, para impartir asignaturas afines a mi carrera. Gracias a mi experiencia como instructora de computación, esta segunda etapa de mi docencia, no fue tan caótica; carente de una formación pedagógica, inicie como la mayoría, imitando la forma de enseñanza de mis maestros, y poco a poco con cada experiencia, he tratado de mejorar mi desempeño.


Ser docente a nivel medio superior, es un gran reto, pues nos toca trabajar con alumnos que están pasando por una de las etapas más difíciles de su vida, con problemas emocionales muy fuertes, y en una época en que la drogadicción y embarazos no deseados están a la orden del día. Por lo tanto nuestra labor no se reduce a transmitir conocimientos de nuestra asignatura, sino que debemos aportarles algo más.


Estoy convencida de la gran responsabilidad que tengo, en la formación de mis alumnos, de que, lo que yo enseñe o deje de enseñar en mi salón de clases va a repercutir en lo que ellos serán en el futuro. Por lo tanto debo esforzarme por hacerlo cada vez mejor.


Confieso que la problemática del ambiente laboral, la falta de recursos y de apoyo, así como mis propias limitaciones han provocado insatisfacción en mi trabajo, y la sensación de que pude haber logrado algo mas, pero trato de superarlo día con día.


Pero también tengo que reconocer que como maestra, he tenido incontables momentos de satisfacción, el sentir el cariño sincero de mis alumnos es algo que no tiene precio; que después de egresados regresen a visitarme y en ocasiones a agradecerme por lo que les enseñe, o a pedirme que les oriente con algún trabajo de su carrera, se siente bien, y me hace pensar que lo que hago tiene sentido.

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